CUANDO LA MUJER SE HIZO HOMBRE
Siento que estamos completamente desconectados de nosotros mismos, tanto los hombres como las mujeres. Renunciamos a nuestra naturaleza en beneficio de una mejor imagen, reputación y reconocimiento externo.
Estamos tan desconectadas que a las mujeres se nos ha olvidado estar en comunión con su propia naturaleza, con su esencia basada en la dimensión femenina.
Estamos tan desconectados, que los hombres se han olvidado que también en ellos habita la energía femenina.
En algún momento, algún milenio que otro atrás, se comenzó a estigmatizar a la mujer que se encontraba en comunión con su cuerpo y con sus ciclos, con su feminidad, con su intuición desarrollada y poco a poco se la fue apartando de roles de responsabilidad por miedo a ese nivel de conciencia elevado.
Después de siglos, la mujer entendió que no debía esconderse por más tiempo y no se podía continuar renunciando a todo el talento y el valor que pueden aportar a la sociedad. Pero el sistema patriarcal ya estaba implantado.
Comenzaron los movimientos feministas, la reivindicación de igualdad, que todavía a día de hoy genera tanta incomodidad.
De veras siento que el planteamiento con el que se realiza este movimiento, esta reivindicación se hace desde un prisma erróneo, ya que NO SOMOS IGUALES.
La filosofía oriental nos dice que estamos compuestos de energía y que esta posee dos polaridades: yin (femenina) y yang (masculina) y siempre que se produzca un desequilibrio en estas polaridades nos encontraremos en incoherencia y malestar.

La parte masculina, se corresponde con la razón, la mente, la organización, la estrategia, la gestión, la acción, el hacer…
La parte femenina, se corresponde con la intuición, con lo irracional, las emociones, el sentir, el recibir, el darnos permiso.
NO SOMOS IGUALES ni biológicamente, ni físicamente, ni hormonalmente, ni mentalmente… No se puede exigir la igualdad de dos elementos que no lo son.
Los hombres hacen las cosas y afrontan las situaciones de una manera, y las mujeres hacen esas mismas cosas y afrontan los mismos problemas de diferente manera ya que su naturaleza así lo facilita. ¿No es esto riqueza?
La mujer en busca de ese reconocimiento de igualdad, se ha visto avocada a renunciar a su esencia femenina y lo que nos está resonando tanto últimamente sobre el “Empoderamiento Femenino” no es más que todo lo contrario, es la “masculinización de la mujer” que se obliga a encajar (incluso a quedar por encima de ellos) en un mundo masculinizado por la sociedad patriarcal. Para ser reconocidas como “iguales” nos vemos obligadas a olvidarnos e incluso prohibirnos nuestras emociones, nuestra naturaleza cíclica, a renunciar a nuestro instinto, a lo espiritual, a lo maternal, a nuestro sentir porque lo único importante es PRODUCIR, PRODUCIR, PRODUCIR.
Por ello también se ha visto afectada nuestra fertilidad ¿acaso crees que es casual tanto problema para quedarse embarazada?
¿acaso es casual que cada vez más mujeres pierdan su instinto maternal o no escuchen al reloj biológico?
Ojo, que cada uno es libre de decidir lo que hacer, pero me llama mucho la atención ya que confío plenamente en la Naturaleza, y ella es sabia y no permitiría que una especie se autoextinguiera… o quizá si…
Hace poco intercambiaba unas palabras con una mujer profesional, sobre la importancia de tomar consciencia sobre nuestro ciclo menstrual, de entrar en comunión con él y utilizarlo en nuestro favor en este caso, en el área profesional. Esta mujer, negaba su naturaleza femenina de tal manera que aseveraba que “tengo que ser productiva los 30 días del mes”. Intenté explicarle que dependiendo de la fase de nuestro ciclo, el flujo hormonal hace que seamos más creativas, más activas, más intuitivas o más meditativas… Y es muy importante saberlo para poder sacar el máximo partido.
Me llamó mucho la atención el “tengo que”, ya que esta expresión no es más que una obligación, que inconscientemente se convierte en una carga para nuestro espíritu (¿Cuántos “tengo que” te dices a lo largo del día?).Eso me dio información sobre cómo nosotras mismas de forma inconsciente nos obligamos a cosas, y claro, después aparecen los conflictos, las frustraciones, las incoherencias y en definitiva la insatisfacción y la infelicidad.
“Tengo que” porque tengo que demostrar que soy capaz y que puedo hacer las cosas igual o mejor que los hombres, y nada más lejos de la realidad. ¡Claro que somos capaces las mujeres de hacer cualquier cosa! Pero nunca “igual” que los hombres, porque no funcionamos igual que ellos.
Es importante que comencemos por asumir esto, que somos diferentes, pero que esa diferencia es la que nos hace ricos, la que al complementarnos juntos podemos hacer grandes cosas.
Por eso soy más partidaria de utilizar la palabra EQUIDAD. Somos diferentes, pero ambos nos merecemos poder optar a iguales condiciones profesionales, económicas, educativas, sociales…

Mientras el hombre no reconozca la polaridad femenina que habita en su interior y la deje manifestarse, y mientras la mujer no se reconcilie con su naturaleza y dimensión femenina en su más amplio espectro y sepamos reconocer en el otro lo que también habita en uno mismo… poco cambio profundo se puede realizar.
Te invito a la reflexión y me encantaría leer tus opiniones.
Si quieres que todo comience a cambiar, ya sabes que hay que empezar por uno mismo, ¡Empieza Por Ti!
Escrito por: Sandra Caba
Muy acertado tu artículo Sandra. Enhorabuena y gracias por estar y compartir
Muchas gracias María, es importante sanar e integrar estas dos fuerzas.