Este fin de semana he compartido presencia y consciencia con un grupo de mujeres increíbles. Hemos estado de retiro en un «monasterio» moderno, en KayZen La Colina, en el que la única premisa era la «atención«, poner consciencia en todas y cada una de las acciones y pensamientos que se han dado durante estos tres días magníficos.
Hemos configurado varios Círculos Transpersonales de Mujeres a lo largo del fin de semana, círculos en los que se ha creado un espacio seguro para todas las componentes, un espacio de confianza, un espacio abierto para la reflexión, para la toma de consciencia.

El apellido «transpersonal» nos da el acceso al «más allá de la persona», no se queda en la parte consciente, ni tangible, ni la que mostramos. Lo transpersonal nos invita a profundizar en ese «algo más» que todas en algún momento nos hemos planteado sobre la vida, sobre nuestra existencia. Nos lleva a conectarnos con lo único que dentro de 5 años no requerirá una actualización o se quedará obsoleto… Nos lleva a conectarnos con nuestra esencia, con nuestro SER, con nuestro CORAZÓN, con la inteligencia del corazón que no es más que la INTELIGENCIA DEL ALMA.
Los Círculos Transpersonales se caracterizan por la escucha atenta, SIN JUICIOS. Y he vuelto a corroborar lo que las mujeres (y los hombres) necesitamos el quitarnos de una vez por todas todos esos velos, todas esas capas que hemos puesto encima de lo que un día fue una herida, y por no saber gestionar decidimos tapar, tapar, tapar, tapar y tapar.
Pero el que no lo veas, no quiere decir que no exista. Que ya no le prestes atención no quiere decir que no siga doliendo.
Al escuchar a las otras mujeres, he tomado consciencia de mis propias heridas, heridas que creía ya olvidadas, pero que de pronto volvieron a resurgir a mi mente ciertas experiencias dolorosas del pasado que también compartí con el Círculo para terminar de liberar y sanar. Y me di cuenta, de que realmente cuando todo aquello ocurrió, no pude compartir con nadie cómo me estaba sintiendo. No surgió el momento en el que nadie me preguntó cómo me sentía, ni yo tampoco supe comunicar cómo me estaba sintiendo… seguramente por miedo a mostrarme débil, al qué dirán, al ofrecer una imagen diferente de lo que «se esperaba» de mí, a mostrar mi dolor, a llorar…
Con las heridas de corazón o de alma, ocurre igual que cuando te pones un zapato nuevo y te roza y te hace una ampolla. La ampolla se vuelve herida, pero insistimos en seguir haciendo lo mismo (nuestras programaciones y sistema de creencias que nos llevan en automático), por lo que la piel, para protegerse del zapato que hace daño, comienza a hacer callo. Y la herida de pronto se ve recubierta de capas y capas y capas de piel, a modo de defensa ante el roce continuado.
Emocionalmente funcionamos igual que con el zapato. Nuestras programaciones inconscientes nos hacen comportarnos de una determinada manera, y llega un día que se abre una herida que duele. Pero seguimos comportándonos igual ya que no hemos tomado consciencia, y nuestros mecanismos de supervivencia ante el roce continuado, hace que esa herida se cubra de capas y capas que tapan esa herida, hasta hacer «callos en nuestra alma».
En los Círculos, a través de los temas planteados, hemos estado quitando capas. Tomando consciencia de eso que un día nos dañó y que ese dolor sigue activo aunque no le prestemos atención. Hemos puesto atención a todo ello, hemos puesto atención a lo que las compañeras compartían y en qué manera me veía yo reflejada, en qué manera me removía… y ¿sabes qué? Siempre, siempre, siempre te encontrabas reflejada en el compartir y sentir de la compañera.
Es curioso cómo la mente dual nos hace creer que somos únicos, diferentes… y en el plano de materia en el que vivimos, así es. Pero si ahondamos un poco más, si vamos a eso que está más allá de la persona, al sentir, al SER de verdad, comprobamos que estamos unidos, que formamos parte de lo mismo, que todos somos uno y que lo que la persona que tengo enfrente está sintiendo o ha sentido, yo también lo siento; lo que a la persona que tengo enfrente le ha dañado, a mi también me daña.
Ha sido muy expansivo el comprobar que todas las mujeres del círculo estábamos unidas por hilos invisibles, y que las vivencias de cada una de ellas es un vivo reflejo de las nuestras propias.
Ha sido inefable, comprobar cómo cuando una de las mujeres compartía su experiencia y su sentir acerca del tema que se estaba tratando en el círculo, todas las demás también liberábamos capas y tomábamos consciencia de nuestras propias heridas y cicatrices.
Después el AMOR profundo que emana del SER, del CORAZÓN, del ALMA, hizo que todas esas heridas comenzasen a sanar.
Se crea un vínculo de UNIÓN, de HERMANDAD con las mujeres con un aroma de antaño, y eso me hace sentir que ese vínculo siempre estuvo ahí, pero que igual que ocurre con nuestras heridas, también lo tapamos y se nos olvidó que existía. Ese vínculo que siempre ha existido y que la naturaleza femenina del cuerpo que habitamos ahora, necesita sentir.
Por eso son tan necesarios los Círculos de Mujeres, por eso cada vez hay más Círculos de Mujeres, porque algo dentro de nosotras nos empuja a buscar ese espacio de escucha que la sociedad en la que andamos inmersas no nos proporciona; buscar ese espacio de comprensión; de no juicios; de ser como eres realmente (y si no lo sabes, tienes la oportunidad de reencontrarte); de tomar consciencia de todas esas creencias, miedos y bloqueos que te han estado limitando hasta ahora; de poner palabras a tu dolor para así ayudar a liberarlo; de sentirte escuchada de manera activa desde el Ser; de sentirte arropada si es lo que necesitas; de ponerte en valor; de recuperar tu poder… en definitiva… de volver a tu centro.
La importancia de comunicar. La importancia de sentirnos escuchadas. La importancia de ser reconocida.
¡¡Te espero en el Círculo!!
Sandra Caba
- Puedes encontrar más información sobre los Círculos de Mujeres que organizamos aquí: http://empiezaporti.com/mujeres-crecientes/
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